Terapia

La vida nos va colocando en situaciones y circunstancias con diferentes grados de dificultad. Somos, cada uno de nosotros, los encargados de evadir la dificultad; hacerle frente con nuestras herramientas; victimizarnos y darnos a la desgracia y tristeza o ser muy consciente de que esa dificultad nos dejará un aprendizaje. Nadie afirma que esto sea fácil, sin embargo, al pasar los años podemos ver que fueron esos desafíos, los que hacen que tengamos experiencia.

También cabe aclarar que hay de dificultades a dificultades. Queda entendido que, en ocasiones, los obstáculos son grandes y una vocecita en nuestro interior nos avisa que necesitamos ayuda. Generalmente tomamos la decisión de tomar terapia, cuando sentimos que nos ahogamos con los líos, la presión y las decisiones que debemos tomar y que nos aterran las consecuencias.

Tomar una terapia significa que “descargaremos” todo eso que nos oprime; que podemos respirar; que encontraremos la tranquilidad. Pero, ¿cómo elijo la terapia? Hay tantas, tan variadas y algunas, tan desconocidas, que ahora, ¿cómo sé cuál es la adecuada para mí y mi problema? Pues, permítanme decirles que no es así de difícil.

Sí, hay muchas terapias de toda índole, precios, duración y que van directamente a una cuestión especifica. Lo primero que debemos hacer es informarnos. Saber de qué trata y si ello resuena en nosotros y decimos ¡sí, me interesa! O ¡Eso es lo que necesito! Esa es mi terapia y seguramente dará buenos resultados, porque la elegimos nosotros y pondremos nuestro entusiasmo en ella.

El mejor camino, sin duda, para poder saber qué hacer y resolver los desafíos que se me presentan es el autoconocimiento y reconocimiento de mí mismo. Es increíble darnos cuenta que no nos conocemos. ¿Qué es conocernos? Primero, no mentirnos y pensar que no tenemos defectos. Entonces, podemos afirmar que conocernos es reconocer en nosotros nuestra luz y nuestra sombra. Que estamos hechos de defectos y virtudes.

Conocer nuestras debilidades nos permite trabajar en ellas y que nadie tome el control de alguna. Conocer nuestras fortalezas permite que las afiancemos y podamos ponerlas al servicio de los demás. Debemos tener en cuenta que la mejor de nuestras virtudes puede convertirse en el peor de nuestros defectos, del mismo modo que, el peor de nuestros defectos puede convertirse en la mejor de nuestras virtudes. Todo es cuestión de cómo trabajemos esas características en nosotros mismos y en la repercusión que hacemos con las personas de nuestro alrededor.

Entonces, ¿tomo terapia? Sí, pues ello hará que cambies la perspectiva de tu dificultad; que te fortalezcas; que encuentres tu valía y, sobre todo, que te sientas mejor para afrontarla. Al cambiar la forma en que miras los acontecimientos, te permites tener la claridad necesaria para la toma de decisiones y para afrontarla. Y ahora sí, entenderás qué tenías que aprender y seguro pasará del lado de la experiencia.

Tu letra, tu rostro en sintonía

MariCarmen Quijano

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