¡Piel bajo lupa!

Rastreando los problemas que el estrés ocasiona y refleja en nuestro cuerpo.

Una arruga prematura, una mancha tras un granito, una picazón… nuestro cuerpo delata cambios que se pueden volver anomalías peligrosas.

El estrés es ese enemigo silencioso que dejamos nos invada sin ser percibido, lo tratamos diariamente en diferentes dosis y de distintas fuentes. Es claro que todos lo conocemos y procuramos caer lo menos posible en sus garras, pero que, aunque luchemos, hay ocasiones que es irremediable sucumbir a él y a la ansiedad. Esto nos lleva a desequilibrar nuestro cuerpo, nos guste o no.

Al contar con distintos estímulos en el transcurso de nuestro día; nuestra mente y nuestro cuerpo comienzan a tener diferentes comportamientos que pueden transformarse en trastornos físicos y mentales.

Cuando padecemos ansiedad y estrés de forma continua, nuestro cuerpo genera reacciones de defensa con patrones de alergia; problemas hormonales; e incluso conductas lascivas para nuestro cuerpo que debilitan el sistema inmunológico y que pocas veces admitimos que son problemas generados por nuestro cuerpo o nuestra mente. Somos capaces de culpar a factores externos porque es más sencillo culpar, que cambiar de hábitos.

Teniendo un sistema inmunológico debilitado, la aparición de anomalías y enfermedades se harán presentes y difícilmente las podemos erradicar si no las detectamos a tiempo. Es por esta razón, que es importante hacer un buen diagnóstico de nuestra piel para detectar qué pudo generar esa alteración, así como revisar y procurar su mantenimiento.

El cambio hormonal puede generar la aparición de uno o varios granitos y con ello, la picazón y su enrojecimiento. Se puede caer en la necesidad de rascarse, llegando a formar heridas rosáceas, incluso dermatitis.

Es importante mantener la piel limpia para que estas inflamaciones no empeoren y sobre todo para mantener a raya la grasa y suciedad; además, exfoliar la piel una vez por semana para eliminar las células muertas y ayudar a la renovación. Una alimentación adecuada y espacios para la relajación serán fundamentales para conservar su lozanía.

El estrés contribuye a la producción del cortisol, el principal enemigo, ya que descomponen el colágeno y la elastina de nuestro cuerpo a un ritmo acelerado. Por si fuera poco, la ansiedad también destruye el ácido hialurónico y daña el ADN celular afectando, de forma concreta, a la parte encargada de controlar el envejecimiento de las células. Esto hace que estas mueran, se dañen rápidamente o que su proceso de renovación se vea ralentizado y la piel tenga aspecto apagado y mucho más envejecido.

Los cuidados de la piel van más allá que aplicar ungüentos mágicos para la apariencia de salud, esto no es suficiente, debemos estar en armonía con nuestra alimentación y nuestra paz mental.

La piel refleja una infinidad de emociones humanas y todos llevamos un reflejo de nuestra vida a la vista de todos; es el reflejo de nuestro interior, permítele al mundo ver lo mejor de ti.

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