El poder de las palabras, intención e interpretación

Las palabras definen la realidad y a su vez, dan forma a la acción, a la convivencia y también a lo que concebimos como humanidad al día de hoy.

Pensemos en ello: el lenguaje es la competencia más excepcional del género, esa habilidad que nos distinguió del resto de las especies para permitirnos avanzar y ser lo que somos ahora.

Las palabras tienen poder, nos ayudan a conectar con la gente, a designar y dar forma a lo que nos rodea. Sin embargo, no podemos olvidar tampoco el papel de ese diálogo interno, y de la necesidad de cuidar de esas palabras que nos decimos a nosotros mismos.

Siempre que estamos delante de un niño hablemos con cuidado, porque no queremos que ellos aprendan palabras incorrectas o irrespetuosas. Sabemos que la palabra crea, que da ejemplo y designa todo lo que nos rodea. Transmitir a los más pequeños la belleza del lenguaje y de aquello que podemos lograr a través de él, es sin duda nuestra mayor responsabilidad.

Es por eso también, que nada sea tan importante como aquello de «pensar antes de hablar».

Es a través de la comunicación como erigimos nuestras relaciones de respeto o de agresividad. Con ella originamos cercanía o distancia. Tener en cuenta estos pequeños aspectos nos debe ayudar a ser más responsables, y no solo en la crianza y educación de los niños al darles ejemplo. No podemos olvidar que el modo en que nos hablemos a nosotros mismos, también es sinónimo de bienestar o sufrimiento.

Las palabras tienen el poder de crear y de destruir.

Nuestras palabras tienen el poder de crear y el poder de destruir. El mejor ejemplo de esto lo podemos apreciar en una amistad o una relación. Cualquier palabra fuera de lugar o que pueda generar algún tipo de malentendido, quizás provoque la ruptura de ese vínculo.

Incluso la ausencia de las palabras puede ocasionar algún tipo de problema. En las relaciones de pareja, sobre todo, la comunicación es sumamente importante. Sin embargo, siempre hay algún secreto o algo que no se le cuenta a la pareja «por su bien» y que termina derivando en una serie de conflictos muy difíciles de abordar y superar.

Abandona las palabras negativas.

Pero, el poder de nuestras palabras es mucho más poderoso. Su capacidad de crear y de destruir también es aplicable a nosotros mismos. No escucharnos, dedicarnos afirmaciones negativas y reprimir lo que deseamos decir son algunas de las múltiples maneras en las que nos haremos daño, nos sentiremos frustrados y en las que, tal vez, consigamos alimentar una baja autoestima.

La importancia del diálogo positivo con uno mismo.

Si tú no te dedicas palabras bonitas nadie lo hará. Porque tal y como te ves, así te verán los demás. Hemos aprendido a dedicarles estas palabras a los demás, pero ¿qué pasa con nosotros? Parece que no sabemos darnos el valor que merecemos, nos ponemos en un segundo lugar y esto provoca determinados problemas. Es entonces cuando los «soy incapaz» o «no puedo» se hacen eco en nuestra vida llegando a ser una realidad.

Así, los expertos en el tema, señalan en un estudio que ese ‘micro diálogo’ nos permite también construirnos a nosotros mismos o incluso ‘deconstruirnos‘. Sabemos que las palabras tienen poder, pero esas que nos dirigimos a nosotros mismos, presentan una trascendencia inmensa para nuestro bienestar psicológico.

Marc Galván, coach personal

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