¿Debo creer en lo esotérico?

Deben saber que mi educación durante la infancia y juventud estuvo completamente fuera de todo lo que tenía que ver con magia, esotérico, místico. Mi formación profesional (matemáticas) quedó completamente sin posibilidad siquiera de asomarme a ello. Entonces, ¿qué hago aquí con la grafología, lectura de rostro, numerología, tarot, oráculos de ángeles e I Ching y próximamente con quiromancia? 

Al igual que muchos entramos a este camino ya sea como consultante ya sea como terapeuta; primero por curiosidad y después, para “comprobar” su credibilidad, su veracidad.

Mi camino lo encontré al tocar fondo después de un accidente de trabajo cuya rehabilitación llevó un año y el correspondiente despido de mi labor. Intenté varias actividades, un tanto por ensayo y error; hasta que di con la grafología y siendo perito. Esto es, por el camino científico, formal, aceptado. Pero esto solo fue la “puerta” de entrada a todas las disciplinas. Sí, una te lleva a otra y sí, primero como consultante y después, a la formación como terapeuta.

Al igual que todos, nos tropezamos con personas que nos dicen “ignorantes” por creer; otras, nos tratan de convencer que no existe. Aparentemente no tenemos argumentos de defensa porque hay una parte de nosotros que duda. ¿Por qué la duda? Porque como todo en la vida hay profesionales en esto; expertos con ética e incapaces de mentir, engañar y, otros, que buscan solo sus ingresos monetarios a costa de engañar y decirte lo que tú quieres oír.

Sin embargo, también quiero escribir acerca de otro grupo: ese que es “espiritual” y se ostentan como maestros de luz, pero sus pensamientos, su vida y sus acciones son totalmente opuesto a lo que “predican”. ¿por qué ocurre esto? Porque hay cosas que puede decir cualquiera y cosas que solo unos pocos pueden decir, porque si las dice un cualquiera no se entienden ni se aprecian de igual manera.

Debemos ser fieles a la lógica simple, a la razón que es precisa y confiable, pero, ¿y la intuición? La intuición es eso que sentimos: “no me latió”; “sentí que debía ayudar”; “me conmovió”; “sentí escalofrío”; y un largo etcétera. Nos hemos reducido a solo pensar y no sentir y menos a expresar lo que sentimos. Todos, absolutamente, todos, contamos con un pensamiento mágico desde que el hombre habitó la Tierra. En nuestra infancia gozamos con los cuentos y si hay magia, hadas, duendes, genios, y, si conceden deseos, mejor. Las películas que en su trama hay magia, embelesan al público por los efectos especiales.

Entonces podemos afirmar que somos adictos al inestable equilibrio entre el sí y el no. En esto, hay una mágica duda entre lo tomo o no; entre lo creo o no; entre lo quiero y no. con esto, aprendemos que lo que nos hace creer que lo que deseamos, lo que esperamos, vendrá solo causado por nosotros.

Licenciada, MaríCarmen Quijano Aguilar. Perito en grafología y grafoscopía con especialidad en morfopsicología y grafoselección por competencias.

Abril de 2020 (1)

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