Carencias económicas transgeneracionales

Es importante sentirse amado y valorado para tener una buena relación con la abundancia, lo primero que debemos hacer es amarnos y valorarnos.

En nuestra infancia muchos de nosotros hemos escuchado, no una sino “miles” de veces ” no tengo”; “no puedo”; “cuando seas grande y trabajes te lo vas a poder comprar”; “no se puede tirar comida cuando hay otros que no tienen”; “cásate con alguien de dinero, sino estás perdida(o)”.

Según los patrones de nuestros padres y abuelos, hemos interpretado el mundo de las pérdidas y de las ganancias y hemos armado un concepto entorno al placer.

Vivimos en un mundo en el que el dinero es la moneda de cambio para casi todo. Prácticamente para cualquier cosa material que desees, necesitas dinero. Todos estamos de acuerdo en que necesitamos el dinero para cubrir necesidades básicas y poder sobrevivir, pero cuando hablamos del dinero que nos permite disfrutar o ganar tiempo para nuestros sueños, tenemos nuestras resistencias.

Estas se arman con la mirada de nuestros padres y abuelos, y con la concepción del “deber ser” del grupo social al cual pertenecemos o pretendemos pertenecer

No sólo se trata de dolencias o síntomas físicos, el dinero, la abundancia, la subsistencia. Algunos las manifiestan además en órganos que se relacionan con los líquidos (por ejemplo, los riñones), porque el dinero y “la liquidez” son conceptos que el cerebro entiende en sintonía. Y como los líquidos también representan el ambiente intrauterino y la relación con la madre, hay poca distancia entre el vínculo con mamá y el dinero.

Podríamos preguntarnos qué pensaban y vivenciaban nuestros padres con respecto al dinero cuando nosotros estábamos gestándonos o éramos bebés. ¿Había poco? ¿Había demasiado? ¿Nuestra llegada ponía en peligro la economía familiar? A raíz de que llegamos, ¿mamá dejó de estudiar o de trabajar? Además, ¿qué nos decían cuando éramos pequeños sobre el dinero? ¿Y sobre la comida?

Dinero, valor, abundancia, ¿para qué?

Desde la mirada de la biodecodificación, tener más o menos dinero, no solamente depende de cómo nos relacionamos con la carencia y la ganancia, sino de dinámicas económicas, sociales y políticas bastante más complejas. Por definición, en un mundo capitalista, un porcentaje son y serán pobres mientras otros se enriquecen.

El entramado cultural valida una sociedad de consumo donde los explotados terminamos explotando nuestros propios cuerpos, a cambio de dinero para consumir bienes que nos permitan “pertenecer” a determinado estatus. Una carrera para ser parte de algo, porque la exclusión es el mayor de los castigos en la carrera de la supervivencia.

Cuando el dinero lo obtengo del buen accionar de una relación humana, como es una sociedad o un matrimonio, es muy importante rastrear cuáles son las creencias sobre la carencia de ambas partes, ya que en la energía puede estancarse en alguna parte de la estructura comercial que nos excede.

Y, por último, ¿para qué quiero ganar tal cantidad de dinero?, ¿para acumular?, ¿para asegurarme un futuro?, ¿para disfrutar? Es desde un lugar de miedo a la carencia e inseguridad o desde el deseo de disfrutar y ganar tiempo con nuestros seres queridos. Y si la respuesta es, por ejemplo, quiero dinero para viajar, ¿para qué quiero viajar? Si me respondo: “para aprovechar los años que me quedan”, me pregunto, “¿para qué aprovechar los años que me quedan?”, “para ser feliz”.

Esto me lleva a traducir una idea acerca del dinero: “si no gano dinero no puedo ser feliz”. Si la asociación es “dinero” con “felicidad”, va a ser muy difícil que venga el dinero antes que la felicidad, ya que el dinero es un producto material y la felicidad un concepto mucho más sutil y subjetivo, por lo tanto, es mucho más factible que de la mano de una ración de felicidad y plenitud, por asociación, aparezca el dinero.

Nos leemos pronto

Marco Galván, Coach personal

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